Oceanika: en la cocina ilusionista de las maravillas
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Oceanika: ilusionismo en la cocina de las maravillas

Oceanika: ilusionismo en la cocina de las maravillas

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A Oceanika se llega a través del espejo, como en la novela de Lewis Carroll. Este restaurante ilusionista es un más allá de sabores panamericanos (o no), fantasía, imaginación y diversión. Un juego de realidades, una aventura dentro de una cocina de las maravillas en El Viso de Madrid. Para alucinar entre amigos o sorprender a tu pareja. El 23 de marzo celebra su cumpleaños.

Oceanika

Oceanika surgió con las emociones, con las ganas de hacer al contrario. Nos gusta la cocina bien elaborada, cuidada, pero al revés. Queremos una sonrisa, un engaño y mucha diversión. Se empieza con el café”, cuenta Carlos Pérez, el conejo blanco de este proyecto y camarero por vocación. Su compañera de aventuras es Filomena Grudeski. Han recuperado juntos el espíritu carnavalesco de la extinta La Panamericana, donde ejercieron.

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“Aquí se reparten hostias, pero al final”, amenaza Carlos con una sonrisa. Sin embargo, antes empiezan a salir platos que ni son lo que parecen ni parecen lo que son, como en un dibujo de Escher. “Todo es casero y tiene un increíble efecto transmutador”, añade Carlos. Signifique lo que signifique.

Oceanika: realismo mágico

Por suerte, el local es luminoso, agradable, y el flipe es más que digerible. El público es variado (estamos a la hora de comer, para cenar se llena de personajes de novela), aunque no tan extraordinario como nosotros. Se oyen carcajadas y el ambiente es distendido. Hay menú del día por 11,90€, realismo mágico. El precio medio de carta es de 25€.

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El disparate de Oceanika comienza con una cafetera desestructuradora. De pronto, aparece una cafetera italiana y ahí se acaba la realidad. En su interior te topas con un sabrosón caldo de pescado y marisco que, al subir, se filtra con verduras. Se bebe como el café y luego se pescan los frutos del mar y de la huerta. Con palillos, claro.

Seguimos con los postres, o quizá no. Unos churros con chocolate (la cursiva es importante). Levantas una ceja, agarras el churro con ilusión, lo mojas en el chocolate, lo muerdes y… fin de la fantasía del dulce. Estás comiendo unos fritos de harina de maíz rellenos de queso, sumergidos en un puré de judías negras. Una merienda de locos.

Oceanika y su realidad paralela

Conservamos, con dificultad, un pie en este lado del espejo gracias a un tiradito de pez mantequilla con salsa de tamarindo, sabroso e inesperado realismo fusionado. En Oceanika también quieren sorprender sin artificios.






Sin embargo, poco a poco entramos a la realidad paralela de Oceanika acompañados de una cerveza Cuzqueña, aunque existe (creemos) una carta de vinos. Y tadá: se manifiesta el temaki a la mexicana. Es una especie de taco enrollado en un cucurucho de lechuga (sic). Dentro, un sabrosísimo cazón en adobo rebozado en harina de garbanzo, con menta, cilantro y albahaca.

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Durante el siguiente plato renunciamos al término engaño. Felices ya en el otro lado del espejo probamos un Bloody Mary mientras se juega al croquet en alguna parte de la cocina. Carlos aparece con una chistera (o coctelera) que contiene ingredientes secretos, añade vodka, tabasco, salsa Perrins, tomate fresco triturado “y alegría, que es la fuente de vida”, dice. Agita, sonríe, destapa la chistera (o coctelera) y nos sirve un salpicón de marisco transmutador.

Después del baile de la langosta llegamos a los entrantes de Oceanika, postres al otro lado del espejo. Shushi, sweet shushi, llaman al primero. Si parece un nigiri, anda como un nigiri y grazna como un nigiri, entonces es probable que no sea un nigiri. Estamos ante una jugosa bolita de arroz con leche coronada con dulce de guayaba y acompañada de mermelada de jalapeños. Una gozada al paladar para los golosos como nosotros. 

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¿Quién robó las tartas? Preguntamos. Y nos dan un par de dulces hostias. No duelen, pero te parten el morro de lo ricas que están. Obleas rellenas de dulce de leche, presentadas en un disco de vinilo. Nos encanta comulgar de esta forma tan deliciosa. Lo malo: una voz misteriosa nos informa de que debemos volver a nuestro lado del espejo, a Madrid. No queremos. En Oceanika se está bien. Se estaba mejor.

Los datos. Oceanika. Calle Antonio Pérez, 26. Horario: Lunes de 13:00 a 16:00. Martes a sábado de 13:00 a 16:00 y de 21:00 hasta medianoche. Precio medio: 25€. Menú del día: 11,90€.  http://www.oceanikafusionbarmadrid.es/






Guillermo Escribano

Ha sido Indiana Jones y Clark Kent y, ahora, dedica sus energías a las letras más puras. Escribe hasta dormido aunque sueña despierto. Pongamos que habla de Madrid.

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